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Para Juan Pablo Castro, la música no llegó de forma repentina a su vida: simplemente siempre estuvo ahí. Desde pequeño creció rodeado de sonidos, canciones y melodías que acompañaban el día a día de su hogar.

“La verdad, siento que la música siempre me ha acompañado involuntariamente en distintos momentos de mi vida; en mi casa la radio siempre estaba prendida”, recuerda.

Sin embargo, hubo algo particular en la música clásica que despertó profundamente su curiosidad.

“Me llamó la atención que no usaba palabras y sentía como si los instrumentos hablaran en una especie de idioma secreto”.

Esa sensación de misterio y comunicación sin palabras fue el punto de partida para querer comprender más sobre ese universo sonoro y emocional.

El instrumento que finalmente lo conquistó fue el violín. Juan Pablo explica que desde niño sintió una conexión muy especial con él, casi como si fuera una extensión de su propia voz.

“El violín es un instrumento que sentí que se parecía a mi voz cuando era pequeño. Me gustaba porque parecía que podía cantar”.

También lo fascinaba la fuerza expresiva que podía surgir de un instrumento tan pequeño.

“Me llamó la atención cómo algo tan pequeño podía resonar tanto en una sala de clases, como si hubiera otro niño en la misma sala”.

Hoy, Juan Pablo ve la música como una experiencia profundamente humana y necesaria, especialmente en el contexto actual.

“Creo que la música, y las artes en general, son una invitación a estar presentes”.

En medio de una sociedad marcada por la velocidad y la hiperconectividad digital, considera que la música ofrece espacios de sensibilidad y reflexión que permiten reconectar con las emociones y con los demás.

“La música tiene la característica poderosa de hacer que una audiencia interprete, reflexione, se identifique o disfrute un espacio de sensibilidad que es necesario frente a todo lo digital en lo que constantemente estamos inmersos”.

También destaca el valor de los conciertos y las experiencias en vivo como lugares de encuentro colectivo.

“Las instancias de conciertos y música en vivo pueden conectar a muchas personas, independiente de sus diferencias y gustos”.

Además, observa con entusiasmo cómo las nuevas generaciones están creando maneras distintas de experimentar el arte.

“Hoy los géneros son cada vez más diversos y se están vinculando para crear nuevos sonidos. También hay nuevas formas de disfrutar un espectáculo y una gran innovación para conectar con más públicos”.

Finalmente, Juan Pablo comparte una reflexión muy íntima sobre el lugar que ocupa la música en su vida.

“Creo que hay artes que perduran en el tiempo, como la música, porque dan cabida a todo aquello que no sabemos cómo describir o que muchas veces no sabemos cómo hacer para que sea escuchado”.

Como intérprete, siente que la música se ha convertido en un lenguaje esencial para entenderse a sí mismo y relacionarse con el mundo.

“La música es un segundo idioma al que le debo muchas cosas sobre cómo soy”.

“Gracias a ella he podido conocer mi país, a gente de diferentes partes del mundo y también desenvolverme como persona en los distintos aspectos que te presenta la vida”.

La historia de Juan Pablo Castro refleja cómo la música puede transformarse en una herramienta de expresión, identidad y conexión humana, acompañando el crecimiento artístico y personal de quienes la viven profundamente.