Para Bastián Vivanco, la música ha estado presente desde la infancia. Lo que comenzó con las canciones de sus padres y luego continuó en la Orquesta Filarmónica Municipal de Curacaví, se transformó en un camino que nunca abandonó. Hoy reflexiona sobre el valor de la música, su capacidad de conectarnos y la responsabilidad de transmitirla a las nuevas generaciones.
¿Cómo te acercaste a la música?
Mis primeros acercamientos fueron a través de mis padres, quienes desde pequeño siempre me cantaron y me transmitieron ese amor por el canto.
Luego, a los 11 años, me inscribí para tomar clases en la Orquesta Filarmónica Municipal de Curacaví, porque algunos primos y amigos también estudiaban instrumentos. Desde ese momento nunca dejé de tocar.
¿Por qué elegiste el violín?
Lo escogí porque es un instrumento muy conocido y, en ese momento, no conocía demasiado el resto. Sin embargo, al principio quería aprender a tocar cello, pero no había cupos disponibles, así que terminé tomando clases de violín.
Fue una elección que nació casi por casualidad, pero que terminó acompañándome hasta hoy.
¿Qué crees que puede aportar la música al Chile de hoy?
La música entrega vitalidad y alma a las personas. Nos permite sentir, expresarnos y conectar con nosotros mismos.
Creo que hoy esa conexión muchas veces se pierde, ya sea por las redes sociales o por el ritmo caótico en el que vivimos. La música nos da un espacio para volver a encontrarnos con nosotros mismos y también con los demás; nos permite ser vulnerables y más empáticos.

Un regalo que también implica una responsabilidad
Siempre he considerado que tener un don tan hermoso como la música es un regalo y un privilegio. Pero también creo que implica una responsabilidad: transmitirlo a las nuevas generaciones, para que sean ellas quienes sigan cuidando un futuro en el que la música conserve su magia y su belleza.