Cada músico tiene una historia distinta sobre cómo comenzó su camino artístico. En el caso del violonchelista Sebastián Perdomo, la música no llegó como una elección aislada, sino como parte natural de su vida desde la infancia. Hijo de un músico, creció entre conciertos, ensayos y el sonido de una orquesta, un entorno que despertó desde muy temprano su sensibilidad artística.
Hoy, mientras continúa desarrollando su carrera como becado de la Corporación de Amigos del Teatro Municipal, Sebastián suma un importante reconocimiento internacional: en marzo fue seleccionado para participar en el Festival de Schleswig-Holstein, en Alemania, considerado uno de los encuentros de música clásica más prestigiosos de Europa. Un hito que refleja el nivel artístico que ha alcanzado y que abre nuevas oportunidades para su desarrollo profesional.
“Me acerqué a la música gracias a mi padre, quien también es músico. Desde muy pequeño crecí rodeado de música, acompañándolo a conciertos y viendo ensayos. Toda mi vida ha girado en torno a ella de una forma muy natural”, recuerda.
Aunque comenzó sus estudios musicales con el violín, fue el violonchelo el instrumento que marcó definitivamente su camino. Tenía apenas ocho años cuando, en Venezuela, descubrió una conexión especial con él.
“Recuerdo que me llamaba mucho la atención dentro de la orquesta. La postura me parecía más natural, pero lo que realmente me conquistó fue su sonido. Tiene un equilibrio muy especial: no es ni demasiado grave ni demasiado agudo. Es un sonido cálido, cercano y muy humano”, explica.
Esa capacidad del cello para transmitir emociones fue, según Sebastián, el motivo que lo llevó a elegirlo y convertirlo en el centro de su vida musical.
Al reflexionar sobre el papel que la música puede desempeñar en la sociedad actual, Sebastián cree que el arte ofrece un espacio necesario para detenerse, sentir y conectar, especialmente en un contexto marcado por el estrés, el ritmo acelerado y los desafíos de la salud mental.
“En ciudades como Santiago, donde las preocupaciones son constantes, la música puede convertirse en un espacio de alivio y conexión emocional. Un concierto en vivo puede provocar emociones muy profundas: hay personas que lloran, se emocionan o simplemente encuentran un momento de calma escuchando música.”

Por eso, sostiene que el acceso a la música debe entenderse como algo mucho más profundo que una actividad recreativa.
“La música no es un lujo, sino una inversión en la salud y en la calidad de vida de las personas.”
Además de su impacto emocional, Sebastián destaca el valor social y cultural que genera. La música crea oportunidades, fomenta el encuentro entre personas y ayuda a formar nuevas audiencias, especialmente entre los más jóvenes.
“Hoy se está trabajando mucho por acercar la música a nuevos públicos y generar panoramas culturales más accesibles. Eso contribuye a construir una sociedad más sensible, más conectada y con mejores espacios para compartir y relajarse.”
Con la convicción de que la música puede transformar vidas, y mientras se prepara para representar su talento en uno de los escenarios formativos más importantes de Europa, Sebastián Perdomo continúa consolidando una carrera marcada por la pasión, la disciplina y el compromiso con su arte.
Creo que esta incorporación funciona muy bien al inicio de la nota, porque sitúa inmediatamente al lector en el gran momento que vive Sebastián y da mayor relevancia al resto de la entrevista.