Amigos del Municipal

La música ha sido parte esencial en la vida de nuestro becado Joaquín Zúñiga, pianista y guitarrista, quien desde muy pequeño encontró en los sonidos del hogar el inicio de un camino que hoy proyecta con disciplina, convicción y profunda vocación. En esta entrevista, Joaquín reflexiona sobre sus inicios, su relación con el piano y el sentido que la música puede tener en el Chile actual.

 

¿Cómo te acercaste a la música?

La música ha sido parte de mi vida desde siempre.  En mi casa siempre se ha escuchado música, ya que la televisión no forma parte de nuestras actividades diarias. En mi casa tenemos un piano que era de la familia de mi padre y que desde que recuerdo ha estado en nuestra casa y siempre me motivé por aprender a tocarlo. Además a la edad de 5 años inicie mis estudios de guitarra, instrumento que aún estudio, ya que siempre me ha gustado la música.

¿Por qué elegiste el piano como instrumento principal?

La verdad nunca lo he visto como una elección, al tener un piano en casa tuve siempre el deseo de querer tocarlo, a los 5 años tuve mis primeras clases formales de piano y guitarra con monjitas del Monasterio “Santa Clara” de Pucón (quienes se ofrecieron a iniciarme en el mundo de la música con sus conocimientos), ya que en mi ciudad no habían profesores de piano. Y bueno, finalmente con el paso del tiempo el piano quedó como mi instrumento principal.

 

¿Qué crees que puede aportar la música al Chile de hoy?

Creo que la música es algo universal y atemporal y, que su efecto no cambia según el lugar geográfico; la música docta es un acto de compartir para que las personas pueda disfrutar y a mi modo de ver, desconectarse del loco mundo moderno, además genera una especie de conexión espiritual al momento de escuchar (aunque no estemos conscientes de ello).

Ser músico es un “modo de vivir”, el nivel de disciplina que implica el estudiar profesionalmente la música, determina el desarrollo de ciertas actitudes (que son muy importantes) que se pueden extrapolar a otras áreas de la vida, como lo son la paciencia, la dedicación, autonomía y determinación, entre otras.

Una frase que me gusta y que tiene que ver con lo que mencioné antes, es la reflexión de Aristóteles:

“Somos lo que hacemos día a día. La excelencia no es un acto sino un hábito”

 

En ese hábito cotidiano de estudio, perseverancia y amor por la música, Joaquín continúa construyendo su camino artístico, representando con compromiso el espíritu de nuestros becados.