¿Cómo te acercaste a la música?
Mi acercamiento a la música fue desde mi familia. Recuerdo que a los 9 años me interesé en la música gracias a un tío que tocaba un poco de guitarra y había tenido una banda de blues cuando era más joven. Ahí por primera vez tomé una guitarra y me aprendí la canción “Blitzkrieg bop” de The Ramones. Desde ahí recuerdo que siempre estuve a diario con una guitarra acústica aprendiendo canciones de rock y música que me interesaba a esa edad.
¿Por qué elegiste tu instrumento?
Empecé con el violín a los 16 años, una edad que se considera un poco tardía para iniciar un instrumento tan complejo como ese. Yo llevaba cerca de siete años tocando guitarra eléctrica de forma autodidacta, pero muy constante. Cuando compré mi primer violín, no pasaron más de un par de meses para darme cuenta de que era algo a lo que quería dedicar mi vida. Siento que es un instrumento que tiene una gama infinita de expresar todo lo que uno puede sentir y pensar, con todas las dinámicas, timbres y alturas, hay una combinación infinita de emociones y pensamientos por plasmar en ello.

¿Qué crees que puede aportar la música a Chile de hoy?
Creo que puede aportar momentos de reflexión y de conexión con uno mismo, algo que hoy en día no es muy común. Con el estilo de vida que uno acostumbra a tener, uno no se detiene a reflexionar como uno se siente a diario. Creo que la música, y darse el tiempo y la situación adecuada para apreciarla, es una instancia única para tener esos momentos de reflexión, de comprensión que uno necesita respecto de uno y de su vida.