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La relación de Francisca Cisternas con la música comenzó desde muy temprana edad. Aunque durante su infancia el ballet despertaba gran interés en ella, era la música la que realmente lograba cautivarla profundamente.

“Desde muy pequeña me fascinaba la música que acompañaba el ballet”, recuerda.

A los 11 años comenzó a participar en el taller de banda de su colegio, dando sus primeros pasos formales en el mundo musical. Sin embargo, hubo un momento decisivo que marcó definitivamente su camino: asistir por primera vez a un concierto sinfónico en vivo.

“Desde ahí supe que lo que quería era ser parte de una orquesta y hacer música junto a muchas personas que compartieran la misma emoción que yo”, comenta.

La elección de la flauta también nació en su niñez, atraída por la delicadeza y dulzura de su sonido. Con el tiempo, esa admiración inicial se transformó en una conexión mucho más profunda con el instrumento.

“Aunque sigo pensando que la flauta tiene una sonoridad muy delicada, hoy también descubro la enorme cantidad de formas en que puede expresarse. Eso me motiva todos los días a buscar nuevas maneras de sonar y transmitir lo que interpreto”, explica.

Actualmente, Francisca tiene 23 años, es integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, también se desempeña como intérprete de piccolo y cursa la carrera de Intérprete Superior en la Universidad Mayor, bajo la guía del maestro Carlos Enguix.

Recientemente, además, fue seleccionada para representar a Chile junto a otro músico nacional en la Orquesta Iberoamericana 2026, importante instancia internacional que reúne a jóvenes talentos de distintos países de Iberoamérica y que marca un nuevo hito en su desarrollo artístico.

Para Francisca, la música y las artes cumplen un rol fundamental en la sociedad actual. “La música puede ayudar a visibilizar que el arte y la cultura son para todos. Tiene un impacto enorme tanto para quienes crean como para quienes disfrutan del arte, y puede cambiar la vida de niños y adultos”, señala.

Con convicción, agrega que el acceso a la cultura no debe ser entendido como un privilegio. “Creo firmemente que esto no es un lujo, sino una necesidad vital para la sociedad de hoy”.

A través de su formación y experiencia artística, Francisca continúa construyendo un camino donde la música no solo representa una pasión personal, sino también una herramienta de encuentro, expresión y transformación social.