Amigos del Municipal

Felipe González Bustamante, becado de la Corporación de Amigos del Teatro Municipal, encontró en la música no solo una vocación, sino una forma de comprender el mundo y darle dirección a su vida. Esta es su historia y su reflexión sobre el rol de la música en el Chile de hoy.

¿Cómo te acercaste a la música?

“Mi interés por la música, de forma más consciente, comenzó cuando tenía 12 años. En aquel momento —alrededor de 2012— un primo mayor se mudó a Santiago para estudiar música en la universidad, convirtiéndose en el primer músico de la familia. Verlo seguir su sueño despertó en mí una profunda admiración y curiosidad por esta disciplina artística”.

Felipe también destaca el papel fundamental de su madre:

“Cuando ella comprendió que mi interés por esta profesión iba en serio, hizo todo su esfuerzo por brindarme las herramientas necesarias para que mi decisión fuese lo más informada posible”.

¿Por qué elegiste ese instrumento?

“Me inicié tocando bajo eléctrico inspirado por mi primo, instrumento que me acompaña y define hasta el día de hoy”.

Su trayectoria luego lo llevó a estudiar Teoría de la Música en la Universidad de Chile, para más tarde profundizar en la composición.

“La creación siempre estuvo presente como un acto de curiosidad y experimentación. Considero que la escritura musical es una herramienta que permite acceder al mundo abstracto del ideario sonoro contenido en la mente de cada persona con la inquietud de componer. Es una herramienta expresiva que me interesa cultivar y trabajar”.

¿Qué crees que puede aportar la música al Chile de hoy?

Felipe responde con honestidad y reflexión personal:

“Siendo muy sincero, desconozco si la música tiene dentro de sus facultades algún elemento que pueda contribuir de forma homogénea a cada persona que compone la sociedad chilena. Sin embargo, puedo hablar desde mi experiencia personal”.

Luego, comparte una idea que lo acompaña desde hace años:

“Siempre recuerdo aquella frase que dice que, en un mundo lleno de incertidumbres, lo único cien por ciento seguro es que a todos/as nos llegará el momento de partir. Suscribiendo a ello, gracias a la música puedo sumar una segunda certeza: quiero seguir componiendo por el resto de mi vida, así me queden 5 o 50 años por delante. No importa si mi música se interpreta en grandes teatros o en el comedor de mi casa. Simplemente quiero seguir haciéndola. Me hace feliz. Me da un sentido”.

Para cerrar, Felipe agrega una reflexión que, aunque no pretende ser universal, invita a reconocer el valor de la música en la vida cotidiana:

“No sé si esta conclusión pueda aplicarse a todas las personas, pero sí creo que quien establezca un vínculo con la música muy probablemente encontrará en ella un espacio de disfrute y bienestar”.