Amigos del Municipal

La historia musical de Benjamín Neira comenzó de manera sencilla y profundamente familiar. Sus primeros recuerdos vinculados a la música nacen en la iglesia evangélica a la que asistía junto a su familia, donde participaba en el coro infantil mientras escuchaba a su padre cantar y tocar guitarra en casa.

“Mi acercamiento a la música fue a través de la iglesia evangélica. Ahí participaba en el coro de niños. También en mi casa mi padre siempre andaba cantando y tocando guitarra cuando tenía tiempo”, recuerda.

Sin embargo, el saxofón —instrumento que hoy define gran parte de su identidad artística— llegó inesperadamente a su vida.

“La verdad es que yo no lo elegí”, cuenta entre risas. “De niño no tuve tanto interés en la música, hasta que un día mi papá llegó con un saxofón a la casa. Intenté tocarlo y al menos pude hacer que sonara”.

Ese momento marcó el inicio de una verdadera pasión.

“Tiempo después lo llevé a la iglesia y ahí me obsesioné con aprender y mejorar rápido”, explica.

Hoy, Benjamín no solo ve la música como una disciplina artística, sino también como una herramienta de transformación social, especialmente para las nuevas generaciones.

“Creo que la música puede ser una herramienta para iluminar la vida de muchos niños y niñas y también adolescentes”, señala.

Además de los beneficios cognitivos y formativos que implica aprender un instrumento, Benjamín destaca el impacto emocional y social que el arte puede generar en contextos vulnerables.

“Les ayuda a tener una ocupación que los aleje de la realidad en la que muchos viven, especialmente en sectores más vulnerables”, comenta.

Por eso, considera fundamental ampliar el acceso a la educación artística y musical en Chile.

“Me parece muy importante acercar la música y el arte a los colegios de sectores más vulnerables”.

La experiencia de Benjamín refleja cómo la música puede convertirse en una oportunidad de desarrollo, contención y esperanza, abriendo caminos que muchas veces parecen imposibles.