1. ¿Cómo te acercaste a la música?
Desde muy pequeño, la música estuvo presente en mi casa. Recuerdo ver los CD de Inti-Illimani y quedarme fascinado con la persona que tocaba flauta traversa. Ese interés fue mi primera puerta de entrada al mundo musical.
No comencé de inmediato con el fagot. En 2013, cuando tenía 9 años y cursaba 4° básico, en mi colegio se abrió la opción de inscribirse en talleres extraprogramáticos. No lo dudé y me anoté en el de flauta traversa, iniciando así mi camino formal en la música.
¿Por qué elegiste ese instrumento?
Aunque la flauta traversa fue mi primera elección, inspirada en aquellos CD que veía de niño, mi primer encuentro con el fagot ocurrió en la Orquesta Infantil de Puerto Montt, mi ciudad de origen.
En mi primer ensayo, vi a dos chicas tocando un instrumento que jamás había visto. Su forma curiosa, la belleza de la madera y su sonido cálido me cautivaron de inmediato: era el fagot. Desde ese día supe que quería tocarlo, pero la falta de profesores e instrumentos disponibles en la región hacía muy difícil acceder a él.
Recién en 2018 llegó un fagot a mi colegio, y sin pensarlo comencé a aprenderlo de manera autodidacta.
Hoy acabo de finalizar mi tercer año de Interpretación Musical, mención Fagot, en la Pontificia Universidad Católica. Además, formo parte de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de la FOJI y soy becado por segundo año consecutivo por la Corporación de Amigos del Teatro Municipal.

¿Qué crees que puede aportar la música al Chile de hoy?
Estoy convencido de que la música —y la cultura en general— pueden aportar enormemente al Chile de hoy. Primero, porque son espacios donde construimos comunidad más allá de nuestras diferencias. Y segundo, porque la cultura tiene un impacto directo en el ámbito emocional: tanto para quienes interpretan como para quienes escuchan, es una vía de escape, un lugar donde dejar las preocupaciones y simplemente disfrutar.
Por todo eso, creo firmemente que la música y la cultura no son un lujo, sino una necesidad para el Chile actual.

