El vínculo de Tomás Artal con la música comenzó de manera inesperada cuando tenía diez años, mientras participaba en el coro de su colegio. Aunque asegura entre risas que nunca continuó cantando, fue en ese espacio donde descubrió por primera vez el instrumento que terminaría marcando su vida: el piano.
“Mi profesora nos acompañaba en un teclado sencillo y en el colegio también había un piano vertical. Desde ese momento me enganché con el instrumento”, recuerda.
La curiosidad lo llevó rápidamente a explorar el piano por cuenta propia, intentando sacar canciones de oído, acercándose a las partituras y buscando información donde pudiera. Poco a poco comenzó a descubrir el universo musical que existía detrás del instrumento.
Sin embargo, no fue hasta los 15 o 16 años que decidió dedicarse más seriamente a la música. “Antes incluso pasé por el violín durante un tiempo, pero siempre volvía al piano”, comenta.
La elección del piano estuvo marcada por múltiples razones: su sonoridad, la manera en que se interpreta y las enormes posibilidades musicales que ofrece. “Me siento compatible con él”, explica. Incluso aspectos tan simples como la presencia visual del instrumento despertaron desde temprano su admiración.
Pero dentro de ese camino, Tomás destaca especialmente el rol de su maestra, a quien reconoce como una figura fundamental en su formación. “Hasta el día de hoy ha sido una guía muy importante. Me enseñó a comprender, comunicar y amar la música a través del piano”, señala.
Para Tomás, la música cumple un papel esencial en la sociedad actual y en la vida de las personas. “Siempre será una instancia de encuentro, comunicación y sensibilidad, algo esencial en el ser humano y en las sociedades”, reflexiona.

Asimismo, considera que en medio de las exigencias y la rutina cotidiana, la música ofrece espacios profundamente necesarios. “Las personas siempre necesitan de la música, quizás para salir de la rutina o simplemente para conectar con algo más profundo. Las experiencias musicales pueden tocar a cada persona de maneras muy distintas y muy íntimas”, afirma.
Con sensibilidad y dedicación, Tomás continúa desarrollando un camino artístico donde la música se transforma en una herramienta de expresión, conexión y encuentro humano.