Desde muy pequeña, la música ha sido parte fundamental de la vida de Amelie Arias. Aunque su familia no se dedicaba profesionalmente a ella, creció en un entorno donde la música siempre estuvo presente y despertó naturalmente su curiosidad e interés.
Su historia con el violín comenzó gracias a su abuela, quien siempre soñó con aprender a tocar este instrumento. Cuando Amelie tenía apenas tres años, vio por primera vez un violín y quedó profundamente cautivada. “Desde el momento en que lo vi, me enamoré. Yo también quería tocarlo, yo también quería tener uno”, recuerda.
Un año más tarde, para su cuarto cumpleaños, recibió su primer violín. Desde entonces, comenzó a tomar clases particulares y posteriormente ingresó a la Orquesta Infantil de Peñalolén, experiencia que marcaría el inicio de un camino inseparable junto a la música.
Con el paso de los años, su vocación se consolidó de manera más profesional cuando ingresó, a los nueve años, al ciclo elemental de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente, continúa su formación en la misma institución, estudiando Interpretación Musical en Violín.
Para Amelie, la música tiene un rol esencial en la sociedad actual. “Vivimos en un mundo donde todo avanza sin detenerse y donde muchas veces lo emocional y lo humano quedan en segundo plano. La música nos permite reconectarnos con eso”, señala.

Asimismo, reflexiona sobre la importancia de valorar la educación musical en Chile. “Muchas veces involucrarse en la música se considera un lujo o algo no esencial, cuando en realidad cumple un rol muy importante en la formación humana. Crecer junto a la música nos abre una visión distinta del mundo, nos vuelve más sensibles a las emociones propias y ajenas, y nos enseña a escuchar, empatizar y conectar con otros”.
Finalmente, Amelie resume su vínculo con el arte con una frase que refleja profundamente su mirada de vida: “Para mí, la música no es posible sin el ser humano, y el ser humano carecería de humanidad sin la música”.