Amigos del Municipal

Desde pequeña, la vida de nuestra becada Virginia Vergara ha estado marcada por la música. Lo que comenzó como un regalo de infancia se transformó en una vocación profunda, en una búsqueda constante de belleza y equilibrio, y hoy en una carrera artística que la posiciona como una de las jóvenes músicas más destacadas de su generación.

Los primeros sonidos

Su primer acercamiento fue a los seis años, cuando recibió un teclado de regalo. A los nueve, su madre y su hermana la inscribieron en una orquesta infantil en Los Andes. Allí comenzó una etapa formativa intensa y decisiva: clases de lunes a viernes, desde las 16:00 hasta las 21:30 horas, durante ocho años.

Ese espacio no solo le entregó herramientas técnicas, sino también disciplina, comunidad y la certeza de que la música sería parte esencial de su vida.

 

El instrumento que la eligió

Aunque inicialmente pensó en estudiar saxofón o guitarra, el destino tenía otros planes. Su maestro, al notar el tamaño de sus manos, le preguntó si le gustaría aprender violín. Aceptó sin grandes expectativas, pero al mes ya estaba tocando.

Con el tiempo, ese instrumento —que parecía una sugerencia circunstancial— se convirtió en su voz artística y en el medio a través del cual expresa una visión profundamente reflexiva sobre el arte.

 

La música en el Chile de hoy

Para Virginia, la música es mucho más que interpretación o técnica. En un contexto social marcado por la incertidumbre y el sobreestímulo constante de las redes sociales, la música cumple un rol esencial:

“Funciona como un motor de búsqueda constante de la belleza y el equilibrio entre la luz y la oscuridad. La música misma tiene esta dualidad intrínseca, pero no es una lucha ni una separación, sino el equilibrio perfecto entre dos polos”.

Desde su mirada, la música es el arte más abstracto, pero también el más directo en términos emocionales. Es un recordatorio permanente de que, incluso en los momentos más complejos, existe un espacio para el consuelo, la reflexión y la esperanza.

“La música es un regalo. Es mucho más grande que el ser humano; nosotros somos servidores de ella, no al revés”, afirma.

Liderazgo y proyección internacional

Actualmente, Virginia se desempeña como concertina de la orquesta de cámara del teatro, es directora titular de la OSIM de la FOJI y titular de la Camerata Cordillera. En cada uno de estos espacios, su misión es aportar un valor artístico profundo, buscando las sonoridades desde la poética musical y la historia que habita detrás de cada obra.

En septiembre dará un nuevo paso en su desarrollo profesional: realizará una pasantía de dirección orquestal en la Musik-Akademie Basel, en Suiza, y debutará como directora invitada en la Orquesta Clásica de la Universidad de Santiago.

Su camino refleja talento, convicción y una comprensión profunda del rol transformador del arte. Desde la infancia en Los Andes hasta los escenarios internacionales, Virginia Vergara encarna la fuerza de una generación que entiende la música no solo como profesión, sino como servicio, belleza y compromiso con la sociedad.