Desde muy pequeña, Emilia Cáceres entendió que la música no es solo sonido, sino también esfuerzo, disciplina y comunidad. Becada de la Corporación de Amigos del Teatro Municipal, esta joven percusionista ha construido un camino artístico profundamente ligado a la sensibilidad social y al trabajo colectivo, valores que hoy dan sentido a su formación musical.
La música siempre estuvo presente en su entorno familiar. Su primer acercamiento formal ocurrió gracias a su hermana mayor, quien inició estudios de violoncello en la orquesta del Liceo Santa Marta de Talca. Emilia, aún niña, la acompañaba a ensayos y conciertos, colaborando con el traslado de instrumentos y observando atentamente todo lo que ocurría a su alrededor. Fue en ese contexto, con apenas siete años, cuando nació un enamoramiento profundo por la música y por el oficio que hay detrás de cada interpretación.
El encuentro con la percusión fue inmediato y decisivo. La primera vez que vio los distintos instrumentos, sintió una curiosidad imposible de ignorar. Durante uno de esos ensayos, se atrevió a manifestar su interés por estudiar música y, al momento de elegir, no dudó en audicionar para la fila de percusión de la orquesta. Desde entonces, su vida tomó un nuevo rumbo. La percusión se transformó en su lenguaje, en su manera de comprender el mundo y en una vocación que une disciplina, compromiso y sensibilidad. Para Emilia, este instrumento no es solo una elección artística, sino también una forma concreta de aportar a la sociedad desde la música.
Convencida del poder transformador del arte, Emilia cree que la música cumple hoy un rol esencial en Chile. A lo largo de su vida ha aprendido que este oficio es, ante todo, colectivo: la música convoca, crea espacios de encuentro y funciona como un puente entre distintas historias, realidades y memorias. En ese sentido, sostiene que debe ponerse al servicio del diálogo, convirtiéndose en una herramienta que fomente una sociedad más consciente, solidaria y comprometida. La música, para ella, es expresión artística, pero también responsabilidad social.

En este camino, la beca de la Corporación de Amigos del Teatro Municipal ha sido un apoyo fundamental. Emilia destaca que iniciativas como esta hacen posible que la música cumpla su rol social, proyectándose en la formación de músicos comprometidos con su entorno. A nivel personal, esta beca representa una oportunidad profunda para seguir formándose con dedicación y esfuerzo, desde una mirada integral que entiende la música tanto como disciplina técnica como herramienta de transformación social. Recibir este apoyo es, para ella, motivo de gratitud y responsabilidad, y una inspiración constante para seguir poniendo su trabajo musical al servicio de una sociedad que necesita arte, conciencia y unidad.
