¿Cómo te acercaste a la música?
Yo estaba estudiando en un colegio municipal y se transformó en una escuela artística, en donde se empezó a impartir clases de danza, música y teatro. Yo me volqué primero por danza, después por batería.
¿Por qué elegiste tu instrumento?
Elegí la viola, porque en ese tiempo había una orquesta en el colegio y ya tenía baterista, y yo quería ser parte de la orquesta. Entonces, la manera que encontré de integrarme a la orquesta fue eligiendo un instrumento en una academia que se hacía los sábados, que estaba ligada al colegio. Ahí probé violín, cello, saxofón. Y recuerdo que me gustó mucho la viola por su timbre, por sus colores, por la cuerda dógena, sobre todo. Eso fue como lo que más me llamó la atención. Probé el violín y no me gustó por ser muy agudo.
¿Qué crees que puede aportar la música al Chile de hoy?
Creo que le puede aportar a la gente algo que he empezado a notar en los conciertos desde que terminó la pandemia, que es como este ser genuino por parte de los espectadores, del público. Las expresiones, las caras de asombro. Entonces, siento que desarrollar esas habilidades en esta sociedad son muy buenas, el ser genuino y la capacidad de asombro. Y lo veo, lo noto en la gente como las gracias, se les nota en la cara lo agradecidos que están por el hecho de escuchar lo que sea, ya sea Mozart o sea Villa Cariño. Creo que eso es muy positivo.
